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Saturday, November 27, 2010

Narda Lepes: Entrevista Revista OHLALA



Abre ella misma la puerta de su oficina-empresa (Comer y Pasarla Bien), la cara lavada y el pelo suelto, un poco despeinado: "Es que no me andaba el calefón", dice entre risas. Después, nos invita a conocer su universo: ese lugar en el que se gestan ideas, libros, programas, caterings, proyectos...
Cruzamos la cocina, sentimos el olorcito a comida casera, saludamos al equipo de gente, que nos devuelve la sonrisa. Salimos al patio y, al fin, desembocamos en su lugar de trabajo personal. Ahí, entre bolsas de arpillera, fotos de su perra, Chiru, y miles de utensilios que-seguro-querés-en-tu-casa, Narda Lepes se sienta a la mesa y aprovecha el descanso.

Es que son días movidos para un perfil multitasking como el suyo: a las grabaciones de su flamante programa en el canal Utilísima ("el pase del año", dijeron los medios al enterarse de que dejaba El Gourmet tras diez años de conducción), se suman el emprendimiento de conservas que encaró con un amigo, la producción de un programa sobre el Café San Juan para Fox Life y la promoción de su último libro, editado por Planeta: Guía de compras. Pisando los 39 y en pareja desde hace más de dos años, Narda planta bandera y se permite disfrutar.

¿Cómo fue el timonazo que diste al pasar a Utilísima?

Muy bueno: yo cambiaba de canal y ellos cambiaban de cabeza, era un acomodo general.
Pero para vos también fue un cambio de estilo...
En realidad, si me ves, estoy igual.
¡Dale!... Pero hay más florcitas, más rococó (risas).
¿Saben cómo fue eso? Me dijeron: "Te queremos poner unos vestidos para la foto", y contesté: "No, me los pongo yo". Sabía que querían ir a los años 50, y si me ponen algo ajustado a la cintura, ¡parezco un pato! Entonces, llevé un vestido con estampado liberty. A los de arte les gustaron las florcitas y las sacaron del vestido.

Y después de una impronta tan moderna y cool, ¿cómo te convertiste en una abanderada de Petrona?

Doña Petrona es comida casera, y si me ponen "comida casera" abajo del título, voy contenta de la vida. Quiero que todos cocinen más.

¿Por qué?

Todo es mejor si cocinamos. Dejás de mirar tele un rato, y es más sano porque comés alimentos frescos y menos envasados. Además, si no vas a la verdulería, ¿quién te dice cómo están los precios? ¿La Bolsa? Andá a la verdulería y sabé cuánto salen las cosas. La gente dice: "Nooo, ¿viste lo caro que está ahora?", y no tiene idea. Además, si vos vas dos veces por semana, el verdulero no te va a vender algo que está malo, no te va a vender una naranja chota, no te va a vender un zapallito que no tiene gusto a nada. Cuando le pidas zapallito, te va a decir: "No, zapallito no te voy a dar". Zapallito le va a dar al gil que se bajó del colectivo, salió corriendo y no vuelve nunca más (risas). Pero a vos, que sos clienta, te va a decir: "Tengo unas frutillas espectaculares".

En tu casa, ¿qué comés?

En mi casa trabaja desde hace un montón una señora que se llama Ramona. Con ella, logramos hacer una cadena de cosas; yo le digo: "Andá a la verdulería y comprá lo que tengan ahí delante; lo que veas que no hayas visto ayer, traelo". Encima, ella no comía verdura, entonces era difícil, veía un alcaucil y decía: "¿Qué hago con esto?", y yo le contestaba: "Tiralo a la cacerola y cocinalo hasta que esté tierno".
Entonces, cocina Ramona...
¡No! ¡Lo hacemos a medias! Por ejemplo, Ramona deja una tortilla de papa; yo llego y hago una ensalada y un bife. O deja alcauciles; yo llego y hago una pasta, y con esos alcauciles hago una salsa.
Trabajo en equipo.
Sí, porque te da fiaca empezar de cero. Incluso lo podés hacer vos misma: si el día anterior te cocinás arroz, hacés más del que vas a comer y te queda cocido en la heladera. Después, lo salteás con huevo, cebolla, y lo hacés en croquetitas. Si hacés pollo, no dejes dos pechugas crudas: ¡hacé todo! Entonces, al día siguiente, lo usás para una ensalada, lo hacés sándwich, lo tirás en una salsa, lo que sea. Pero arrancar de cero es un embole.

Bueno, pero hay que tener tiempo para cocinar, ¿no?
Díganme la verdad: ¿cuántos minutos al día pasan, que no sea trabajando, frente a una pantalla? Veinte de esos minutos, ¿no se pueden destinar a algo que vas a tener que hacer todos los días, durante el resto de tu vida? ¿Vas a depender siempre de otro? Eso es lo que no entiendo, la gente que dice: "Yo soy una persona independiente, a mí la cocina no me va". Entonces, ¡dependés de otro, siempre! Qué sé yo; sos un banquero, te toca ir a un lugar donde no hay mucama, donde no está tu mamá, y tu mujer te dejó porque sos insoportable (risas): vas a tener que cocinar, aunque no estés acostumbrado.
Una vez, declaraste que con respecto al consumo de carne, somos un país hipócrita: se consume mucho y nadie sabe de dónde viene.
No sabemos qué carne comemos. La gente no sabe qué vaca come, qué raza come. ¡El cuarto trasero existe! Se compra colita, bife, lomo, peceto, todo lo que no tenga hueso. Somos "el" país de la carne, pero como consumidores, no sabemos nada. Tenés que saber qué comés. Si ves un churrasco con toda una grasa amarilla que se sale por el costado, deberías saber que eso es porque la vaca era vieja. No es que la carne está vieja, ¡la vaca parada ya estaba vieja! Además, deberíamos comer menos carne.
Cuando te juntás con tus amigas, ¿van a comer a algún lugar o les cocinás?
No, yo no cocino (risas). Salvo en Año Nuevo, que festejamos con amigos. Alquilamos una casa en diferentes lugares y siempre termino cocinando yo. Eso sí, me busco un par de ayudantes esclavos (risas).
O sea que te gusta agasajar.

Sí, me gusta cuando no lo tengo que hacer por obligación. En Navidad, por ejemplo, me estreso porque tengo que trabajar, y es como el peor momento del año: nadie te entrega nada, todo es un caos, no llego, nadie llega, nadie te atiende, todo es un despelote, y no me da placer ponerme a preparar algo para la familia, porque tengo que estar corriendo. Encima, hace un calor...

¿Usás microondas?

Yo no tengo, y la verdad es que no lo sé usar. Cuando voy a algún lugar que tiene microondas, caliento o descongelo algo, pero no mucho más. Mi papá, cuando era chica, hizo esto: hirvió agua en el microondas, la dejó enfriar y puso una flor en esa agua y otra en un florero con agua normal. Al otro día, la primera flor se murió y la otra seguía viva, y desde ese día, no quise comer nada más que saliera de un microondas. Igual, eso fue en los 80, andá a saber cómo eran los microondas en ese momento comparados con los de ahora.

¿Tus papás cocinan?

Los dos cocinan. Mi mamá, que se murió hace algunos años, cocinaba súper rico, más tirando a saludable.
Una visionaria.
Mi mamá se subió a todos los bondis: ayurvédico, macrobiótico. Comí cada germen de trigo cuando era chica... (risas).

¿Eras vegetariana?

Durante un tiempo sí. Fui vegetariana durante tres años.

¿A qué edad?

De los 16 a los 19, porque fui a un frigorífico y no pude comer más carne por un rato, nada que tuviera sangre. Después se me pasó; no era por decir: "Ay, pobrecita la vaca", directamente no podía. Después, se me empezó a pasar. Comí mucho chocolate en esa época de vegetariana (risas). Y millones y millones de Titas.

¿Engordaste?

No, a los 16, 19, no te importa nada. Yo salía todo el tiempo, estaba todo el día moviéndome. Entonces era flaquita, después engordé. Cuando me fui a Europa, empecé a darle...

¿Tenés un tema con el peso?

No, no me importa nada. Aparte, subo y bajo fácil, las dos cosas. Si cierro la boca un poco, bajo.
Igual, con los años cada vez cuesta más, ¿no?
Cuesta más, pero tengo un metabolismo que es bastante rápido.

¿Hacés alguna actividad física?

Siempre empiezo cosas, pero no prosperan.

¿Qué tipo de cosas?

Yoga, por ejemplo, pero cero hippie porque no aguanto.

¿Cómo sería "hippie"?

Mucho incienso, todas esas cosas. Lo que sea muy lento no me gusta.
De meditar ni hablar.
No, no (risas). No tengo mucha paciencia, aunque hay cosas místicas que sí me van.

¿Cómo qué?

Una vez, estábamos en Japón, en lo de un cocinero que era un monje budista zen. Se levantaba a las cinco de la mañana para hacer la pasta de sésamo con que hacía el tofu y baldear el lugar. Y te hablaba, te cocinaba, comías y... algo pasaba. Terminamos llorando, el cámara y yo. Y ojo: el cámara era un tipo al que no le importaba nada más que jugar a jueguitos, fumar, mirar películas de Kitano y hablar con las japonesas. El tipo menos sensible del mundo terminó tocado porque había algo palpable, fuerte: en la comida, la energía que había en el lugar.


¿Creés eso de que cuando cocinás "con amor" tiene un valor especial? Por ejemplo, la comida de las abuelas.

Creo que todo lo que tiene que ver con la infancia corre por otro lado, es memoria emotiva, y no hay nada que hacerle. Aunque tu abuela haga las peores milanesas del mundo, a vos te van a encantar. Sin embargo, yo tengo una tía que hace pan: vos lo hacés al lado de ella, igual, y no te sale. Hacés lo mismo, eh. Tiene algo en las manos que hace que le quede mejor. Tenés que tener la sensibilidad para sentir eso al comer. A veces, sentís que estás comiendo algo espectacular y ves al de al lado comiendo lo mismo en cinco minutos mientras charla con otro... Pienso: "¡Qué maleducado!" .
Es como hablar en medio de un concierto...
Claro, te hacen una crème brûlée con la tapa de arriba finita, está tibia, está suave, está cremosa, no tiene grasa en el paladar, y vos te la comés así nomás: ¡qué asqueroso! ¡Te daba lo mismo que te abrieran un Danette!

¿Y de dónde surge la fascinación por la cocina? ¿De tus viejos?

Desde chiquita, siempre comí rico. De esto me di cuenta, más o menos, a los 7, cuando empecé a ir a comer a las casas de mis compañeritos del colegio. No comía nada porque me resultaba horrible.

¿No tenías los típicos gustos de chicos?

No. Como vivíamos en Venezuela, quería arepas con dulce de leche, que es como si te dijera "churro de jamón y queso".

¿Por qué estaban ahí?

Bueno, esto fue en el 74. Mi mamá era un poco sobreprotectora y vivíamos en Buenos Aires. Una vez, íbamos por la calle, escuchó una explosión y dijo: "Chau, me voy". Y nos fuimos a Venezuela. Le daba miedo estar acá; aparte, habían desaparecido algunos amigos suyos.

Pero ¿la definirías como exiliada política?

No, lo eligió ella, no es que la estaban buscando. Estaba en el Di Tella y le preocupaba por el entorno artístico, más que por el político. En casa siempre se habló de eso de una forma muy abierta y sin bronca: "Esto es lo que pasó, era una época de mierda, aprovechen ustedes". Yo tuve siempre la libertad que ellos querían y que no tuvieron cuando eran chicos porque la sociedad no era así. Creo que ligué la parte buena, dentro de lo que se podía.
Tuviste padres "progre", digamos.
Sí, totalmente. Mi papá tenía pelo largo, mi mamá también. El baúl de ropa de mi mamá es espectacular: eran unos hippies más modernos.

Tu papá fue el dueño de Paladium, el boliche top de los 80. ¿Tuviste una adolescencia muy movida?

Sí, hizo que saliera mucho a la noche. Por eso, ahora no salgo más, ¡porque salí tanto de chica! Además, en un momento se puso aburrido. Con las pastillas se puso aburrido; todo el mundo era igual, un embole: acható para abajo. Antes, había una variedad, y ahí tenías también a los que no hacían nada, como yo. Todo el mundo creía que yo era de las peores del barrio, pero como mis padres eran medio hippies, yo no hacía nada para hacer lo opuesto. Tomaba el mismo alcohol que tomo ahora, o sea, nada. Y al contrario: los chicos que tenían padres castradores eran los peores después.


¿Y qué te pasa con la maternidad? ¿Te dan ganas de tener hijos?

Sí. A veces me dan ganas y a veces me da miedo, debe ser normal.

¿Y el reloj biológico no te corre?

Bueno, eventualmente te corre (risas). Igual, si se da o no se da, me parece que está bien. No es que tengo esa ansiedad que tienen algunas personas que necesitan tener hijos. Me parece que puede estar bueno, pero lo que hago también me gusta, no es que tengo un vacío que necesito llenar. Está buenísimo; y si no, tengo un montón de cosas por hacer.

¿Estás en pareja?

Sí, convivo desde hace más de dos años. El hace tele, producción de cine y cámara.

¿En algún momento te pensás como una marca?

Me parece que tenés que empezar a pensarte así para que te vaya mejor.

¿Y qué onda ponerle tu cara a productos de consumo masivo?

Y, paso mucho tiempo hablando antes: cómo se va a vender, pegado a qué, cómo está hecho, dónde... Trato de no ser la cara si no puedo participar desde dentro. Y si el producto tiene aceite hidrogenado o edulcorante aspartamo, no vamos a ningún lado.

¿Y cómo sos como jefa?

Antes, me enojaba mucho. Ahora, no tanto. También elijo mejor, trato de que la gente que trabaja para mí sea mejor que yo en algo. Por ejemplo, uno es más prolijo, el otro es más metódico, la otra es mejor repostera. Tenés que tener un equipo que te sume, no que te siga. Trato de consultar todo con ellos.

Para terminar: ¿con qué musicalizarías esta nota?

Yo no soy muy amiga del maridaje musical (risas). Pero si tengo en cuenta todos los festivales de este año, les diría que puede ir desde Pixies hasta Phoenix, pasando por Massive Attack, Stereophonics o Air

Fuente: revistaohlala.com 

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